Al leer el texto, viene a mi memoria los recuerdos de niña, puntualmente cuando estaba en el colegio, ahí las salas de clases, por que pase por varias, tenían ese matiz de gran dominio, no solo por el hecho de ser palacios de aprendizaje, sino por el espacio en si, siempre fueron habitaciones altas, con grandes ventanas donde la luz entraba y hacia notar su presencia, además su forma tan esbelta y alargada le otorgaban un desplante cautivador.
Las mismas pizarras, las tarimas, los estantes o los percheros en donde colocábamos nuestros delantales estaban tan bien jerarquizados en ese espacio cuadrado que sin dudas estaba todo en orden.
Entonces, ahora bien si me coloco a pensarlo más detalladamente, veo los pasillos y los espacios de encuentro, como a la salida de la aula, o bien los descansos de las escaleras o en ellas mismas, en los patios, por que donde estudie sí habían muchos patios y de diferentes colores y nombres y todos tenían su lugar de encuentro y como bien lo comentábamos en taller si direccionaban la mirada que conllevaba al encuentro.
Aquí el espacio lo es todo, porque de seguro no ha habido mayor cambio en los 10 últimos años, los segundos pisos aun deben tener sus semi laberintos provocando lúgubre, algunos casos, o bien la misma tensión entre pasillos y patios.
Si bien es cierto, seguramente tendrán alguna modificación como lo he visto en las fachadas de otros colegios, donde tratan de demostrar algo llamativo a la vista, con todos esos colores vivos, trazados, líneas y retratos, lo que siendo muy honesta para mi gusto caen en lo sobrecargado y hacen que estén fuera de foco, todo esto a nota personal.
Otra cosa que note a mi regreso a Iquique, fue el cambio en la dirección de algunas calles y en otras sus nombres. El excesivo aparecer de edificios, incluso los que están en construcción, solo por nombrar los mayores cambios que percibí a primera vista.